Varios sobre este eterno presente

domingo, 8 de diciembre de 2013

En mal "Estado"

"La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás".
Sr Wiston Churchill

"La dictadura se presenta acorazada porque ha de vencer. La democracia se presenta desnuda porque ha de convencer!.
Antonio Gala (1930-?) Dramaturgo, poeta y novelista español

"El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros".
Ambrose Bierce (1842-1914) Escritor estadounidense.

"La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes".
Charles Bukowski (1920-1994) Escritor estadounidense.

    Digamos que, siempre nos resulta ilustrativo y es cuestión en uso, el ejemplificar una idea con una imagen de archivo, digamos, decíamos, que es algo similar a una red. Una red que está mucho más acá de esa conexión sutil que a todos nos vincula, y posee una estructura inalienable que nos viene incluida y que se relaciona con el propio origen de la civilización como ensayo de colectivismo. Desde luego que se trata de un inmenso error, algo tan grande y antiguo que por propia extensión y permanencia hace casi imposible su visualización. Es el caos organizado que, al ocuparlo todo, no se logra establecer su existencia dada la imposibilidad de comparación con un sitio donde no se lo encuentre.

Es un elemento antropoformo, claro que no por su aspecto humano, sino a causa de que estos, los humanos, son su exclusiva ingesta y sustento. Nuestra energía lo mantiene rozagante y pletórico de fuerzas como para continuar expandiéndose en todas las dimensiones; aún en la nuestra, interna y privada.

No siempre es perceptible su accionar, sus métodos van desde la burda actuación agresiva y avasallante, al más crónico y camuflado acto de anestesiado vampirismo. Siendo este último el que resulta más común y caro a sus gustos.
Pero, lamentablemente para la especie, se encuentra cubierto por una tétrica neblina que lo mantiene oculto a los ojos de la común inteligencia: el patético costumbrismo. Pocos son aquellos que logran visualizarlo en su verdadera dimensión depredadora. Pocos los “marginales” que observan aterrorizados como el monstruo succiona un porcentaje de cada dinámica humana.
El simple transito de un vehículo, el mero sencillo paso de un caminante, como casi todo acto cotidiano, le otorga un beneficio. Se encuentra anhelante, babeante en su codicia, aguardando el momento en que el neumático deba ser reemplazado o el calzado deteriorado suplido por uno nuevo.
Está presente en la mesa familiar, en el medicamento que por su causa se debe ingerir, y hasta en el cuarto de baño. Se nutre de la aspiración del humo del tabaco, pero también del lápiz labial que un beso amoroso hubo borrado. De cada cosa perecedera, así como de cada intangible servicio que el hombre, por él servilizado, necesita para vivir. El nombre de cada niño recién nacido, que un emocionado padre inscribe, lleva su impronta. Así como lo hará más tarde el enlace matrimonial del joven, y sin dudas, sus exequias.
Dentro de su congénita deformidad, guarda un lugar preferencial para los inescrupulosos que hasta allí lograron encaramarse. Son sus pálidas cabezas visibles, que de las otras también las hay, y ofician de dicotómicos directores de juego.
Descuidando la sana costumbre de bendecir los alimentos, nos maldicen salpicándonos con el espumarajo de sus gritos en la mentira de la diatriba. Pequeños muñecos de barro a los que la inconciencia de unos muchos ha otorgado cierta vitalidad, y a cuyos embustes y componendas, sus circunstanciales creadores hacen sordos sus oíos. Pero, al abrir los ojos desaparece la ceguera voluntaria, y de esta forma la malformación de los tuertos dejaría de ser un mérito.

Tal lo ya afirmado, la falta de límites de esta “cosa” lo alcanza a uno en cualquier sitio en que decida radicarse, y su poder termina solo allí donde lo hace la vida del damnificado. Por supuesto que esta muerte no redime a su progenie ni a ningún otro congénere. Todos, y cada uno, deberán continuar con su vasallaje. Claro que “sufrimiento que no se nota no produce dolor”.

                                         Filemón Solo