Varios sobre este eterno presente

martes, 13 de marzo de 2012

EN ALGO NOS PARECEMOS

 Nos reunimos para charlar sobre la posibilidad de realizar una transacción comercial. Ya sobre la mesa de las negociaciones, lo primero que se evidencia, desde un embozo muy matizado, es la suspicacia. Podríamos decir que es una concesión que hacemos a la ética, se trata de negocios y cada parte desea llevarse la mejor parte de la otra parte. Aunque esta perezca.

Nos sentamos a la mesa del café, todos somos amigos o, por lo menos, conocidos desde hace mucho tiempo. La conversación deambula por territorios comunes, mudando luego a confines totalmente imprevistos. Cada tertulio intenta dejar muestras de su capacidad, inteligencia, valor o probidad. Se sobredimensionan las supuestas luces ocultando los sectores en penumbras.
Esto, desde luego, todos los sabemos holgadamente. Muy pocos son los que consultan a sus congéneres sobre sus faltas, caídas, pecados y demás humanidades. Y lo conocemos a la perfección por ser una pieza de nuestra propia constitución.
Hay evidencia, la experiencia aporta el factor infaltable: desconfianza. No en inmensas cantidades, solo la necesaria disfagia ante cualquier sapo que el diserto de turno aumente desde su real tamaño de simple renacuajo.

Cuando usted sale de la reunión dominical en casa de su suegra, justo al arrancar el coche su señora le dice: Gordo, ¿vos le creíste al Cacho sobre ese asunto de la representación? Mirá que la Tota, en la cocina, a mí me dijo otra cosa, ese tipo se agranda como sombra al atardecer.
Es posible que usted ponga carita y no responda, pero no me negará que ya lo había pensado. No solo eso, al escuchar la sanata "del Cacho", se mandó una de Tarzán, por las dudas nomás, y de retruque.


El viernes por la noche, más relajado que en otros días, durante los cortes comerciales del la programa televisivo de sobremesa el tipo dialoga con la familia.
 ¿Decime Clara que pasó con esos pesos que teníamos guardados? ¿No se los habrás prestado a tu hermana sin consultarme nada?
¿A ver María Eugenia, a que hora volviste el sábado pasado? Mañana te voy a esperar despierto hasta que llegues, y mejor que....
Javi, ¿Qué pasó con el recuperatorio de ciencias naturales? Eso fue el miércoles, y todavía no me dijiste nada, etc., etc.

Bueno, ¿va quedando clara la cosa?

Terrible conclusión que nadie puede dejar de compartir: “No podemos, queremos, sabemos,  debemos, y otros “emos”, confiar plenamente en nadie, porque nosotros mismos no somos dignos de un crédito absoluto”. ¡Créame lo que le digo!

Filemón Solo

                                                                  

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