Varios sobre este eterno presente

martes, 18 de diciembre de 2012

EFEMÉRIDES


Será que prevalece la modalidad conceptual de mediados del siglo veinte como rémora que uno arrastra, pesadamente, entre estas ágiles novedades de la nueva centuria. Pudiera ser también que este observador sea un crítico consuetudinario, más allá de los tiempos. Pero existen eventos que los congéneres festejan, y que forman inseparable parte de su calendario anual y gregoriano. Estos acontecimientos rememoran situaciones muy caras al sentir nacional, lugareño o universal, según el caso. Ahora bien, posiblemente la estreches de las neuronas que esto dicta, no permita el ingreso a la comprensión del porqué de la aparición de distintos protagonistas actualizando el festejo de los antiguos sucesos. Igualmente injustificada es la aceptación de nuevos y exógenos personajes estacionando su localidad en nuestra cochera.

Veamos que para recordar debidamente el nacimiento de N.S. Jesucristo colgamos medias (calcetines), engalanamos un arbolito (pino, excluyentemente, y no abeto) y aguardamos que en la noche del 24 de diciembre descienda, ya no la gracia divina, sino un obeso ser híbrido abrigado por un atavío rojo, quien lo hará hábilmente por el conducto de la chimenea del hogar. No se preocupe, en caso de no poseer este adminículo en casa, el mítico descendiente de un extinto gnomo nórdico <cuyo nombre no recuerdo, y tampoco me importa>, encontrará la forma de colarse por alguna ventana.

El personaje en asuntos gusta portar una bolsa provista de regalos para los niños. Nuestros niños, a quienes les estamos practicando un lavado de tradiciones mediante el implante de una contaminante y vacua extranjería.

Para una mejor efectividad en esta obra de reprogramación, denominamos al tipo con el calificativo de “santo”, pero en femenino, o lo enaltecemos con un íntimo “papá”.

 

Esto se continúa con el conceder presencia a una “noche de brujas” de la que pocos conocen su procedencia, aunque todos la asuman originaria de un país del norte de América, con representatividad, precisamente, local. Circunstancia que obviamos en seguimiento de las inquietudes mercantiles de algunos interesados en hacernos “celebrar” cualquier cosa que involucre un cambio de radicación de nuestros billetes a sus bolsillos.

 

Recientemente ha arribado a nuestras amplias costas dispuestas a recibir “a todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino” un santo europeo, en cuya particular conmemoración se realizan abundantes libaciones alcohólicas. ¡Y ahí vamos nosotros! a beber fraternalmente a su salud. En tanto aguardamos que los importadores de ajenos mitos y leyendas nos continúen inundando con sus productos, en nuestra inveterada costumbre de comprar cualquier cosa, tal lo ya ocurrido con los chiches asiáticos.

 

Para los cristianos, la pascua de Resurrección conmemora precisamente eso: La resurrección de N S Jesucristo. Para lo cual la alegoría de los huevos de chocolate, escondidos u entregados <según los gustos> por pícaros conejos, se me hace un tanto descabellada y evidentemente irrespetuosa. No para su actor, quien, seguro, se encuentra más allá de las presentes tonterías, pero sí para los creyentes en esta doctrina, que bien deberían notar la desnaturalización de tan fundamental recordatorio; en lugar de dejarse seducir por estas “tentaciones” de chocolate”.

El caso es que esta costumbre sí viene con su historia. Los antiguos cristianos, tenían vedado en tiempos de cuaresma la ingesta de alimentos cárneos, lácteos y también los huevos. Aparentemente almacenaban estos últimos en espera del domingo de pascuas, oportunidad en la cual los repartían entre el resto de su comunidad, la cual, deberíamos suponer, estaría igualmente colmada de estos productos. Tiempo más tarde surgió la costumbre de decorarlos, así como la figura del conejo, aunque lo apropiado hubiera sido una gallina, con la función de esconderlos en los jardines para ser encontrados por los niños.

Siendo evidente que el cacao es originario de América, la “creación” de los huevos de chocolate es relativamente moderna en relación al origen del acontecimiento en asuntos. Resulta, y ahí vamos de nuevo, que esta es una usanza sajona que nos llega, una vez más, desde el norte.

Lo lamentable, tanto para este caso como para el de la natividad, es que las figuras sin importancia posteriormente surgidas, han devenido en representaciones centrales de las celebraciones, desplazando en la práctica de las mismas a Quien les hubo dado origen.

Respetuosamente, sugiero que nos dejemos de todo tipo y forma de “huevadas”. Mandemos de vuelta a casa al gordo abrigado, a las brujas, al santo del alcohol y a los conejos que esconden huevos de chocolate, rescatando nuestras propias raíces e instruyéndonos sobre el significado de “cada feriado”.

 

                            Filemón Solo

 

 

sábado, 17 de noviembre de 2012

PECADO

                                                     
                                        El más grande pecado es la ignorancia

Aquella que elegida, se practica

Sin preguntas el vivir no se complica,

salvando respuestas de implicancia         

 

Sucede que el saber nos compromete

Restándonos la excusa de ignorar

Nos hace responsables al actuar

y a mas duro juicio nos somete

 

Ignorancia, engendra incomprensión

Se nos confunde cultura con saber

Siendo este, el camino real del Ser

y aquella,... meramente información

 

Ilustrada, con ella, la ignorancia,

se distrae, en encontrar sabiduría

Si halla soberbia, se extravía,

sumándola, el ego, a su ganancia

 

Gusta la verdad, otros ríos navegar

No es la cultura puerto de destino,

quizá provisión para el camino,

rumbo a internos mares, donde anclar

 

                              Filemón Solo

 


 

 

 

 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

EL INFORME DEL CASO


                                         Hoy fue encontrado con vida
                                         un hombre de cien años,     
                                         y libre de aquellos daños
                                         a los que la vejes obliga

Rodeado de extrañas cosa
y faltándole lo elemental,
se presume algo anormal,
pues llama a su vida hermosa

                                                            Tal corresponde a la ocasión,
                                         se labró rápido inventario
                                         Hallando magro mobiliario,
                                            ¡ y ninguna televisión ¡

 Cientos de libros y papeles
                                         -que se detallan por separado-
                                          y en las paredes, colgados
                                          mil máximas y carteles

 En el cuarto, sin somier,
 sobre el suelo, solo un colchón
                                          imágenes y un almohadón
                                          sin otras cosas que ver

                                          Ante personas calificadas,
                                          y luego de varias rondas     
                                                              ¡ la falta de un microondas,
                                                              quedó sin dudas verificada !

 No es hallado alimento,
                                          ni provisión de carne alguna,
                                          de ave, cordero o vacuna
                                          ¡ Las semillas son su sustento!

 Solicitada su filiación,
                                          se declara sin documentos
                                          Los hubo arrojado al viento,
                                          por molestarle en el pantalón

 Es informado del delito,
                                          que involucra tal proceder
                                          Argumenta “que no es su ser,
                                          quien figuraba en el escrito”

 “Con una foto de su exterior,
                                          y un numero cualquiera
                                          no podía mostrar quien fuera,
                                          y aún menos, quien él es hoy”

 El susodicho se empeña,
                                          en otra actitud extraña,
                                                                en conservar una telaraña
                                                                ¡ por respecto a su dueña !

 Balbuceando algo de “pránica”
                                          exhibe con profundo orgullo,
                                          un conjunto de raros yuyos
                                          a los que llama “quinta orgánica”

 Pese a vivir aislado,
                                          niega ser un ermitaño
                                                           “Orando por aquellos daños,
                                          que todos hemos causado”

 En función de lo actuado,
                                          ante los al pie, firmantes,
                                          se detiene al delirante,
                                          bajo sospecha de enajenado. 

            Filemón Solo

 

                              

 

 

 

lunes, 17 de septiembre de 2012

ATENCIÓN A LOS AMIGOS DE GREENPEACE

Ya firmaste la petición para que los directivos de la empresa EIDICO S.A. cumplan con la Ley de Bosques y cancelen los proyectos que violan la Ley de Bosques en Villa La Angostura. Ahora ayudanos a difundir esta campaña entre tus contactos
Compartí el reclamo en las redes sociales y por mail:
  • Invitá ahora a todos tus conocidos a que también se sumen al reclamo. Hacé click aquí o copiá y pegá el siguiente mensaje y envialo por mail a tus amigos:

Hola, ¿Ya viste este reclamo?www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico
Yo ya participé.
Los bosques patagónicos están en peligro. La empresa EIDICO S.A. esta promocionando grandes barrios exclusivos y una cancha de golf en Villa La Angostura. Este proyecto desmontará 1.100 hectáreas de bosques nativos con árboles de más de 100 años, valiosos en biodiversidad y una de las áreas mejor conservadas del país.
Los desarrollos no sólo provocarían un severo impacto ambiental sino que, además, violan claramente la Ley de Bosques.
.
Escribiles ahora a los directores de EIDICO, Jorge O´ Reilly y Patricio Lanusse y reclamales que, en cumplimiento con lo establecido por la Ley de Bosques, cancelen de manera urgente sus proyectos urbanísticos en Villa La Angostura. Entrá a
www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico
Un abrazo,
  • Difundilo en las redes sociales que participás:
    • Twitteá este pedido urgente, hacé click aquí.
    • Compartí la ciberacción en Facebook, hacé click aquí.
    • Compartí esta ciberacción en Sonico, hacé click aquí.

  • Si tenés Blackberry o What´s Up también enviale este mensaje a todos tus contactos.
"Los bosques patagónicos está en peligro. Decile NO a los countries de la empresa EIDICO que van a desmontar Villa La Angostura, violando la Ley de Bosques. Entrá en www.greenpeace.org.ar/bosquepatagonico"


jueves, 13 de septiembre de 2012

TIEMPO?


Disponer del espacio de vida como para efectuar un acto determinado, en forma alguna significa tener el tiempo para hacerlo.

 

Ese segmento dimensional al que denominamos tiempo, es como un tren que pasa delante de nuestros ojos. Siendo sus ventanillas los cuadros de los sucesos de nuestra vida, estos llevan siempre una misma dirección, de izquierda a derecha, sentido en que corre el expreso de nuestras experiencias. Cada imagen corresponde a un presente que transita siempre por el punto en que nos encontramos.

No nos es posible observar que contienen las ventanillas que aún no han llegado, aunque a veces percibimos que el convoy está por concluir su marcha.

En cambio, sí, conservamos cierto archivo sobre las que ya han pasado por nuestro sitio.

Dada la velocidad relativa con la que nos es mostrado cada acontecimiento, y teniendo en cuenta la precariedad del instrumental con que contamos para su observación y posterior análisis, la apreciación de los sucesos es solo referencial y altamente subjetiva.

Dentro de la ilusión de que existe un tiempo, esta contenido el concepto de que somos nosotros quienes viajamos en ese expreso observando desde dentro del mismo lo que ocurre en el exterior, y que cada individuo es poseedor de su propio vagón con un panorama esencialmente distinto al de los otros pasajeros. Sin notar que nos encontramos alineados como puntos de una recta viendo el paso del mismo espectáculo, cuya proyección difiere en función de las necesidades y decisiones de cada uno.

Las pinturas no son solo tridimensionales, según la capacidad de captación de nuestros sentidos, recibimos también otros estímulos a los que aún no hemos sabido calificar. De esta manera entran los sentimientos en el juego, acompañados por sugerencias tan poco mensurables como la intuición, las corazonadas o el deja-vu, por mencionar solo algunas ya identificadas. En tanto ese factor en común de la raza que se presenta como conciencia colectiva, inclina sin exigencias el resultado de nuestras elecciones en función de una deseada evolución comunitaria.

La creencia de que el elemento tiempo nos afecta, es una ingenuidad tan aceptada que, como todo lo que realmente se cree, no tiene más remedio que ocurrir; y ocurre. Más aún, siendo miles de millones de individualidades las que así lo afirman.

En realidad no existe prueba ninguna de que, tanto el cuerpo físico como la psiquis, deban decaer con el supuesto paso del tren. Cierto es que disponemos de una experiencia, a la que llamamos vida, y que por ser solo una de tantas, debe ser finita. No obstante, debidamente concluida esta, y en buen uso de nuestra conciencia, bien podríamos volver a ese punto desde el que hemos venido a realizarla, sin dolores, temores, enfermedades ni decadencia.

Por tanto, no es el inexistente tiempo el que nos mata, nosotros arruinamos nuestras herramientas, creyéndolo. Cuando “nos vamos”es porque ha concluido, por el momento, nuestro papel en la obra de la vida.

Es la estructura de un pensar condicionado, que nos precipita al abismo del fatalismo previsto en su recorrido de tour turístico para nuestro destino de incautos viajeros de lo conocido, y olvidado, es dejada sobre el suelo de esta “realidad” por aquellos que, valorando la creación, y a sí mismos como partes de ella, eligen observar la verdad que los rodea, quitando la vista de la proyección con que el paso de las ventanillas distrae a sus semejantes.

Estas personas, sencillamente dejan de pensar según las normas previstas para el estado de “normalidad” y se dedican a trascender la apariencia que surge espontánea de su uso.

Cuando aprendamos que lo común no es lo real, que la suma de creencias no es garantía de autenticidad, recién allí dejaremos de entretenernos con figuritas multicolores para sumergirnos en la majestuosa totalidad de la vida. Amplitud en la que sabremos que ese temido y tiránico tiempo es solo la pantalla de bruma sobre la que se proyecta la ilusión que debemos apreciar.

                                           

                                Filemón Solo                       

miércoles, 5 de septiembre de 2012

ENCUENTRO


Como siempre distraído,

no lo note, de momento

Era “yo mismo”escondido,

entre tanto ruido y cemento

 

Me observé muy sorprendido

Y al devolverme la mirada

me comprendí a mi perdido,

y que también yo me buscaba

 

No sabiendo si abrazarme,

o darme un golpe en la cara

Solo atiné a mirarme,

esperando que reaccionara

 

Aplaudía entusiasmada,

la gente que por allí pasaba,

y contemplaba embelesada,

al ver un tipo que se encontraba

 

Yo me hablé muy largamente,

sentado conmigo en la acera

Pero no me creí totalmente,

sabiéndome tal como era

 

Lloré acremente, en mis brazos,

y sonreí, en gratos recuerdos

Finalmente me di un abrazo,

sellando nuevos acuerdos

 

Y volví, juntos, a la vida,

dando el triunfo por sentado

Jamás habrá meta perdida,

para quien se hubo hallado

 

         Filemón Solo

 

 

                         

miércoles, 29 de agosto de 2012

TU, SINFONÍA

Atentamente, con ese interés que el amor otorga, he mirado tus ojos, escuchado tu voz
He sentido el calor de tu mano y la belleza de tu cuerpo; por mi deseo potenciada
Olido, saboreado, y comprobado todo lo perceptible que de tu ser se muestra
Lo obtenido en la entrega, y lo sustraído secretamente

 Lo que se da espontáneamente: en el dialogo, en la seducción, en el paseo y el libro compartidos, o simplemente, en el dejarse estar

Lo hurtado: observando clandestinamente tus formas durante el sueño, tu gracia ante el espejo; el aspirar, sin permiso, tu aliento en la casual cercanía, o protagonizando mis fantasías en fáctico libreto de personal autoría

Todo lo sensorio. Todo lo sensual

 La propia, ilusoria sensación de propiedad sobre el instrumento, genera irremediablemente la  necesidad de pulsar sus cuerdas

Conociendo sus contornos, saber sobre sus sonidos

Conociendo lo perceptible, saber sobre lo sutil

 De escuchar esa partitura escrita sobre el pentagrama de tu vida, y solo para ella

Creada, nota a nota, por tus experiencias, por otras manos; por decisiones, esperanzas y deseos

Y sí, cada dedo pulsa, en cada momento compartido, en cada circunstancia, la cuerda que libera la nota afinada o disonante

 Así, tu particularidad vibratoria emite, incontenible, inequívocas improvisaciones únicas, exclusivas

Escapas de mis manos

Te multiplicas en cien instrumentos

 Cierto es, me subyuga el aroma sonoro que se desliza a través de la flauta dulce en la avenencia 

Los violines que acompañan melodiosamente cada instante de concordia

El pizzicato de tu risa, interrumpiendo graciosamente alguna alegre ejecución                                        

 Pero me aterra, me espanta la inesperada intervención del tambor, presente en la agresión de un solo extemporáneo

Del metálico, estridente golpe del platillo expresando los celos

La súbita embestida de los vientos tocando al unísono en constante reclamo de lo ya entregado

 Tú, tú eres sinfonía, mas no armonía

Ejecutando tu multifacético ser, sobre el que no advierte tu parecer, en dramáticos imprevistos contrapuntos de alternante protagonismo 

Tú, tú te repites en la actuación. Una y otra vez te copias a ti misma

Puedes lograr alternancias, pero no aportes, pues solo escuchas los acordes de tu propia creación

 Pero yo...

Las expresiones de mi alma se deslizan, con algo de torpeza, sobre el teclado de un restaurado clavicordio

Me falta entusiasmo para intentar con el oboe

El arco del violonchelo va y viene rozando cuerdas demasiado tensas

Yo, yo gusto de escuchar ajenos trozos de “alegros”, “adagios” y ”prestos”

Aprendo; tal vez no mucho, pero afino el oído

Y ya no acepto las ampulosas sinfonías plagadas de ostentosas contradicciones  

 

Perdóname, solo anhelo una perdurable, compartida música de cámara

Esa con la que diariamente, las cuatro manos de un único corazón, ensayen, excluyentemente, su eterna “ópera prima”

 Sin batuta de director y sin plagios de antiguas composiciones

                                                 Filemón Solo

 

 

                                                                  

martes, 21 de agosto de 2012

¡VEINTE MIL!


¡Veinte mil! El tipo realizó veinte mil intentos, y continúa. Cualquiera diría que está loco, que es un disparate. Cualquiera lo diría. Siempre, claro, que no se detenga en contar sus propios días. Esos segmentos de cierta posesión de conciencia donde uno, siempre en pretensión de “un” algo, se dedica a buscar afanosamente la forma de conseguirlo.

Locos. Estamos todos en estado de enajenación, invirtiendo las horas, la salud, y la inteligencia (cualquiera que ella sea) en ocuparnos. Solo en ocuparnos, cada uno de lo suyo.

¿Equipos?, ¿sociedades?, ¿parejas?, no son ciertas. Dentro de cualquier esquema, cada cual se dedica, excluyentemente, a lo suyo, así drena su propio tiempo en aras de la obtención de promesas que se ha hecho en el silencio de su alternante confusión. Eso sí, el final es siempre el mismo. Lo curioso es que nadie lo ve.

Digamos que es comprensible, eso le obligaría a dejar las tonterías y ocuparse de vivir.

                                     

                                                                                 Filemón Solo

                                                                       

sábado, 18 de agosto de 2012

NO HAY VUELTA ATRÁS


No hay donde volver. El sitio ya no existe, fue destruido al abandonarlo. Lo dejé sin mirar atrás, me fui alejando paulatinamente, paso a paso. En comienzos intentaba retornar a las viejas ruinas con la esperanza de reingresar al engaño que las construyera, hace ya tantos y tantos años de ceguera.

No es que haya aprendido todo, ni siquiera lo necesario indispensable para desoír a la nostalgia que la perdida ilusión me regurgita de tanto en siempre. Solo una gota, esa que entrega el alambique del vivir en la experiencia; y solo luego de un costosísimo proceso de destilación de elementos espurios. Muy poco, es cierto; magro en volumen, pero conteniendo el resultado del proceso: conclusiones, y lo que se concluye está, pues,”concluido”.

Y la soledad, que no existe como falencia de persona o cosa, es el único estado de pureza del sentimiento. Claro está que ese sentimiento debiera ser esterilizado de los gérmenes nacidos en engañosos recuerdos de irrealidades acontecidas en la ficción de aquello que creímos más o menos cierto.

Tiempos donde despilfarrábamos nuestra fe como si fuera la verdadera. Inversiones de esperanza disparada hacia casi cualquier cosa parecida al afecto que se nos cruzara en el camino.

Sí, no hay donde volver, la inocencia, tan cercana a la estupidez, se deja atrás en un para-siempre cuyo trayecto nos sitúa exactamente donde estamos: tratando de comprender el porqué debemos alejarnos nuevamente de la presente alucinación, o, en su defecto, no comprendiendo nada.

¿Dije afecto?, sí eso dije. El pedido de disculpas viene acompañado de un tácito relato de los usos de una época donde “la palabra” no se pronunciaba así como así. “El amor” se escondía tímidamente detrás del incorrecto “te quiero”, que supone una mera posesión. Tuvimos que reaprender a expresar el sentimiento que la almidonada generación anterior (anterior a la nuestra, quede claro) omitiera en su enseñanza, y no por intención de silenciarlo, sino por la misma causa, nunca nadie en su educación le diera semántica aplicación.   

Se le de el nombre que fuere, casi todos conocemos de que se trata ese sentimiento, el problema radica en su práctica y conservación. Ahí es donde se esconde el porqué de tantos fracasos en este sentido. Siendo solo parte de aquello que realmente somos, esperamos que otro ser nos provea del sector faltante: “eso que nos complemente”, obviando por ignorancia que la plenitud debe ser virtud personal, para luego ejercitarla en la pareja. El amor que llena un vacío, más que amor es una prótesis.


                                                                  Filemón Solo

domingo, 5 de agosto de 2012

SI, ENAMORADO


Cierto es que estuve enamorado. Muy enamorado. Más allá de lo razonable, tal vez porque la razón no se complace con el amor. Sin nunca notarlo abandoné la sensatez y me hice a ese tipo de amor. Un amor excesivo, consecuentemente, dependiente.

Sí, muy enamorado, pero de imágenes y formas virtuales, de implantes ilusorios realizados sobre realidades de base. Y continuo muy enamorado, de mis personales creaciones. Como todos.



                                            Filemón Solo      

jueves, 26 de julio de 2012

AHORA, O...SIEMPRE


Juan busca, cree encontrar, se comporta en consecuencia a ese hallazgo. Solo para luego notar que es otro de esos amplios luminosos caminos que, a poco, se van angostando, muriendo en sendero dentro de un monte tupido y seco.

En el lapso que media entre cada conato de hallazgo, Juan se pregunta y se cuestiona. Trata de frente con las causas que imagina posibles motivos para su última frustración. Reflexiona, diseña culpas propias y ajenas en la búsqueda del talle que les calce.

Juan se decepciona. No hay respuestas para los que todavía no lo han logrado.

Sabe que solo es cuestión de tiempo, solo algún tiempo. El necesario, quizá menos que eso, para emprenderla nuevamente en seguimiento del mismo, u otro, pájaro de esperanzados colores que, destaque sobre lo opaco de su cielo.

Él sabe que solo es cuestión de tiempo, solo algún tiempo. Sí el necesario. Que bien puede ser en hora cercana o, Dios no lo permita, dentro de un milenio. En algún minuto del infinito, próximo o impensadamente lejano.

Una sola, solo una, la primera llave, luego ya habrá descubierto el acertijo que le brindará la posibilidad de continuar los éxitos; en forma ininterrumpida y con el mismo resultado. ¡Qué así sea!

Solo se aprende una sola vez a volar. Se sigue, que cada uno descenderá en cada etapa que le cuadre, o seguirá sin tocar el piso, según lo permita el aire de sus pulmones.

El final del camino se encuentra exactamente allí donde se satisface el deseo.

Luego ya no hay retorno. Aunque un fuerte granizo, helado de desatino, le destruya a uno las alas precipitándolo hacia donde será lo que deba, se torcerá el cuello en postergado intento de remontar nuevamente. Algún día.

Bueno, lo cierto es que Juan sabe muchas cosas que resultan ser: ¡ninguna!. A juzgar por los resultados.

No son resultados, se dice Juan, solo intentos no logrados. Bien pudiera ser que el hastío sea el velo que emboza lo que se debe ignorar. ¿Y si el día de mañana, quizá pasado, fuera aquel tan anhelado?

Y el día llegó, no como él lo hubiera imaginado, pero llegó.



Juan partió. Jamás se lo vio flotando sobre los campos floridos, ni siguiendo el neurótico vuelo de algún picaflor.

Juan ya no estaba en su mesa de café frente a la plaza. Nunca se supo que deambulara por las antiguas callecitas de su soñado –solo soñado- pueblo de Toledo, ni por los altos senderos de Las Rocallosas, donde jamás estuvo. Solo, y sencillamente, desapareció en su apariencia.  

Pero, claro, es sabido los ojos no son el mejor medio para observar las almas.  

                                             Filemón Solo                                                                

viernes, 22 de junio de 2012

Una Cierta? Edad

    Es hora de hacer algo al respecto. Hay cierta edad en que la edad se hace cierta, y ciertamente el poseedor de la misma la recuerda en todo momento. ¡Como no hacerlo si cada cosa que ocurre en el día es para hacérsela presente!
Veamos, y para ver en orden comencemos por la mañana, en ese momento en que el protagonista de “ya pasados hace rato los sesenta” se levanta de su cama. Seguramente lo hace más temprano que en las dos décadas anteriores, la mayor parte de las veces para realizar actos que bien pudiera efectuar en las horas que siguen. Primer recordatorio.

Inmediatamente comienza a sentir, sí, a sentir que le duele la espalda, o cualquier otra cosa, que lejos de incorporarse con un salto lo hace lentamente, tal se lo recomendara el médico, y su primer pensamiento es para alguien que ya no está. Por la causa que fuera, pero ya no está. Segundo recordatorio.

Si bien casi seguro ya ha visitado el cuarto de baño durante la noche, ahora, en la mañana se permite mirarse en ese espejo que solemos tener allí colgado. No, nada diremos sobre la opinión del observador acerca de esta imagen, pero es el tercer recordatorio.

No se sabe bien el motivo, pero casi todos los que hasta esa edad han llegado, desayunan en soledad aunque vivan en compañía, y durante esta colación ¡meta máquina! Maquina y vapor, por los que no llamaron en el día anterior, por no tener a quien reprochar la falta de llamados, por la boleta de algún servicio, o por que le falta alguno de ellos. Y sobre faltas, motivos no faltan, jamás podrían porque se construyen allí mismo. Aunque lo disimulen, lo que realmente falta es optimismo, mismo-opti que antaño solían lucir a esas horas. Cuarto recordatorio.

Para quien las realiza, las tareas domésticas tomarían el quinto puesto en el ranking a causa de “ese” malestar <que ya no me permite..>, pero dejémoslo ahí, y que cada cual se lo ponga si es de su medida.

La salida a la calle es otro asunto. En esto no hay forma de engañarse, se camina lento, se conduce lento, y en ambos casos con lentes recetadas. La forma en que los más jóvenes los observan se evidencia ante apelativos con connotaciones cronológicas, tales como “abuela/o”, “don/ña” u un simple “señor/a”. Las cuadras miden doscientos metros y los cruces de las esquinas tienen ocho calles. Quinta conmemoración, y aún no hemos comenzado a tratar el día propiamente dicho.

Seamos sinceros y ahorrativos: a estas personas les molesta su cuerpo físico, tienen la emoción desgastada, y están notando que su mente suele escaparse para donde se le ocurre, o peor aún, hacer abandono de trabajo sin previo aviso.

Ahora a la frase que encabeza esta nota. ¿Vamos, o, no, a hacer algo al respecto?.

Si me responde que nada se puede hacer, ya tiene su respuesta.

¡A mí que me importa que se diga que el asunto es inevitable y demás tonterías apoyando un statu quo que a esto nos ha llevado¡

Tampoco me importa que me consideren demente. Si hace un poco de memoria son ellos, los locos, los que han tenido razón. A ver que le dicen nombres como Copernico, Galileo, Colón, Gandhi, y el mismo Jesús. Todos locos, locos para los “cuerdos” de su época. Pero sí que tenían la verdad que afirmaban poseer.

No, por supuesto que no existe “peso ni volumen” para comparación alguna con los nombres en ejemplo. Están en marras solo para demostrar que lo que se afirma “en todos lados” no tiene porque ser “la verdad”.

Bien, usted no tiene en su cuerpo (para aludir solo a lo físico) ninguna sustancia o elemento que lo induzca a desgastarse. Por el contrario, el organismo humano posee una organización maravillosa que hace que periódicamente sus células se renueven. Todas ellas, de forma tal de “ser otro” cada pocos años (o solo días, en caso de algunos órganos).

¿Qué hace que las nuevas tomen las características decadentes de sus ancestros celulares? Nada, no existe nada físico que lo motive.

Hay una teoría dando vueltas, pero, según creo, pronto dejará de hacerlo para convertirse en certeza. ¡Pero usted no espere a que el sistema consienta en que puede ser más joven, con la edad que sea! Esta teoría enuncia que uno envejece (cuidado, no estamos hablando de inmortalidad) solo porque CREE QUE ASÍ DEBE SER.

¿USTED QUÉ CREE?



¿Yo?, visto los tremendos errores a que hubieron arribado ciertas mentes preclaras del pasado, jamás me creo aseveración alguna. No estamos en condiciones de proyectar ninguna certeza hacia el futuro, por lo cual no permito que cualquier sapo, por más “evidente” que se muestre, me salte a la boca con el argumento de que “siempre” (¿qué siempre?) fue así. Claro que no.

No caeré en la prueba autorreferente, pero, en aras de un mejor futuro, debería creerme que esta actitud me ha dado grandes resultados; aún a los…, bueno a esta incierta edad.



                                 Filemón Solo


jueves, 31 de mayo de 2012

¡A SEGUIR PARTICIPANDO!

  

 ¡Aterradora esta condena a la soledad de una eterna búsqueda de lo inasible! ¡Peor todavía es el notar que los materiales, esos que solemos emplear para consolidar nuestros supuestos logros evolutivos, son simple utilería. Debilidad puesta de manifiesto ante cualquier moraleja a extraer del acertijo de causa y efecto. Caso en el cual la tarima, trabajosamente construida en procura de la elevación sobre uno mismo termina en tierra y ahora sobre el ánimo del iluso que creyó haber comenzado a procesar la solución.
Observo tres tipos de actitudes ante estas disyuntivas. La primera, y de uso generalizado, es la adopción de distintos grados de prescindencia. Se opta, no siempre racionalmente, por no involucrarse en una búsqueda comprometida bajo el amparo de una superficialidad que otorga la seguridad de la ignorancia. La segunda, suma una cantidad muy reducida de adeptos que, en uso de herramientas muy mal templadas, intentan denodadamente obtener respuestas que satisfagan a la particular lógica de un pensamiento filosófico creado a esos efectos.
Pero un tercer modo, aún en ciernes pese a su antigua data, se destaca por preconizar una trascendencia sobre estos confusos elementos que, en mayor o menor grado, contienen alguna porción de racionalidad. Estas conciencias pretenden elevarse por sobre dichas cuestiones, accediendo a campos de conocimiento que manejan otros parámetros de compulsa. Abandonan el uso de la común percepción, dejando con ello los insolubles cuestionamientos de la mente, ante el intento de acceder a niveles donde el ingreso a otro tipo de conciencia los demostraría absolutamente superfluos en su precariedad.
Las alternativas a la mano serían: a) Abroquelarse en la suposición que todo “puede” estar mejor sin considerar el porqué de esta mejora ni los métodos para su obtención.
b) Aceptar la congénita inquietud de modificar las situaciones imperantes, pero mediante el estudio de ellas mismas. Loable intento que se postula condenado al fracaso al condicionarse al uso de los mismos mecanismos que pretende explicar.
c) Parte de la premisa de que lo existente debe ser trascendido. Siendo esta una labor liberadora del encierro en que hemos devenido por diversas causas, pero siempre con la encomienda de hallar un escape hacia otras realidades “más reales”.
El expedicionario imparcial, quien obligadamente ha integrado la primera, buscado más tarde en la segunda, y decidido finalmente por la tercera, presenta ante sí mismo el desesperanzado cierre de experiencias. Nadie que haya agotado las dos primeras limitaciones podrá volver atrás. La ignorancia, tal como la inocencia, solo se pierde una vez, pero a diferencia de esta, no representa un acto aislado, sino una decisión de futuro.  
Ahora bien, el salto quántico  que se presenta como indispensable para la obtención de una conciencia suficiente y permanentemente ampliada, requiere, al parecer, de una cantidad de condiciones previas que no son fáciles de percibir en su tenencia. Razón por la cual quienes se embarcan en esta corriente, suelen descender en cualquier puerto de límbica soledad. Desterrados de ningún lado, y en espera de una ayuda “extra” que les permita reembarcase hacia una dirección que tiene solo un sentido, se los puede ver luciendo las mejores intenciones de que son capaces, en la entrega de algún humilde servicio al prójimo de él necesitado. Por otro lado no pueden disimular ante a sí mismos la fragilidad e incertidumbre en que sus vidas continúan estacionadas.
Lo notable es que siendo la magnitud de las obras el parámetro en uso para confrontar el “grado” de su realizador, abundan los ejemplos de aquellos que, habiendo efectuado inmensas e inobjetables ejecuciones tendientes al bien común, no encontraron en su camino personal la anhelada paz, ni tan siquiera el sencillo dominio sobre el sufrimiento.

Sí, nada es lo que aparenta. Y no lo es porque esa apariencia responde a nuestra percepción de la cosa en estudio. Ergo: no presenta el Universo un algo engañoso con el solo objeto de sumirnos en la confusión, sino que su realidad radica excluyentemente en su esencia. En la de él y en la nuestra. Pero continuamos ante la incógnita de cómo acceder al “Santo Sanctórum”.
Es seguro que muchos han descubierto en sí mismos el escape desde este minoico laberinto, pero lo interno es intransferible. Y en verdad que se nos ha confirmado su existencia; y eso es...esperanza. ¡Ánimo!, y a seguir participando.

                                   Filemón Solo